El BMW i4 tiene los días contados. Todo apunta a que la marca alemana lo retirará del mercado el año que viene, dejando espacio a una nueva generación de eléctricos encabezada por el recientemente presentado BMW i3. Un movimiento que suena a “renovarse o morir”, aunque en este caso el i4 todavía tenía bastante guerra que dar.
Un eléctrico que sí funcionaba (y bastante bien)
El i4 llegó en 2021 como un EV sólido, atractivo y con cifras que convencían, tanto a los que buscaban eficiencia como a los que querían sensaciones. Aunque las ventas no se igualaban a los ICE, el modelo a día de hoy seguía siendo bastante relevante dentro del catálogo eléctrico de BMW.
Y ojo a este dato porque entre 2022 y 2024 fue el BMW M más vendido. Sí, un eléctrico adelantando a modelos con pedigrí de gasolina curioso, pero sí, sucedió.
El problema no es el i4, es lo que viene después
La decisión de BMW no parece un castigo al i4, sino más bien una apuesta clara por terminar ofreciendo algo más avanzado. Aquí entra en juego el nuevo i3 que os revelamos ayer miso. El modelo llega como representando un salto tecnológico bastante notable.
Este nuevo modelo incorpora una arquitectura de 800 voltios, lo que permite cargas mucho más rápidas, y puede alcanzar potencias de hasta 400 kW en corriente continua. Además, ofrece más potencia y una autonomía homologada que catapulta a la marca a otra liga.
¿Despedida definitiva? No tan rápido
Aunque el i4 vaya a desaparecer tal como lo conocemos, no está todo perdido. Hay indicios de que una futura Serie 4 podría convivir con versiones térmicas y eléctricas, lo que abriría la puerta a que el concepto del i4 regrese algo más adelante, pero con tecnología actualizada.
La retirada del i4 puede sonar a drama, pero en realidad encaja bastante bien con la lógica del sector. La evolución tecnológica manda y los modelos se renuevan a un ritmo cada vez más agresivo.
El i4 se despide dejando claro que un eléctrico puede ser rápido, atractivo y vender bien.
Habrá que ver ahora cómo encaja el público el nuevo enfoque del i3, porque BMW aquí sí ha decidido arriesgar más en diseño y concepto. El i4 jugaba sobre seguro, con una estética continuista que no espantaba a nadie y que, visto lo visto, le funcionó bastante bien. El i3, en cambio, apunta a algo más rompedor, más tecnológico y quizá menos “BMW de toda la vida”. Y ya se sabe cómo va esto, lo de innovar está muy bien hasta que el cliente levanta la ceja y paran las ventas. Si el cambio entra por los ojos, perfecto; si no, igual alguno empieza a mirar de reojo al viejo i4 con cierta nostalgia.
