Si quieres hacer una buena inversión, quédate con este nombre, se llama Alpine A110 R Ultime y es uno de esos coches que cuando dejen de fabricarse dentro de uno meses, no volveremos a ver, al menos en esta marca.
No es el más potente del mundo pero representa algo que ya casi no existe: un deportivo ligero, afinado hasta la obsesión y pensado para conducir, no para presumir.
Lo pero de todo es que tiene fecha de caducidad. La producción del A110 tal y como lo conocemos se apaga a mediados de 2026. Después vendrá la electricidad, las plataformas nuevas y otro tipo de emociones. Este Ultime es, literalmente, el último suspiro de una forma de entender el coche que se está extinguiendo.
El último de una especie que ya no se fabrica
Alpine no está matando un modelo, está cerrando una era. El próximo A110 será eléctrico, construido sobre la nueva Alpine Performance Platform, será más rápido, más tecnológico… y seguramente más pesado, más filtrado y más civilizado.
Por eso este A110 R Ultime tiene algo especial incluso antes de arrancarlo. Es el último que respira aire y bebe gasolina, el último que vibra, el último que te obliga a implicarte.
No es potencia, es obsesión por el detalle
Sobre el papel, sus cifras son contundentes y es que hablamos de hasta 345 CV, un 0 a 100 en 3,8 segundos y una punta de 280 km/h. Pero sería un error quedarse ahí. Este coche no va de números, va de cómo los utiliza.
Con apenas 1.100 kg, cada CV tiene sentido. Aquí no hay kilos de más, todo está ajustado.
Y luego está el sonido seco del Akrapovic de titanio, la precisión quirúrgica de las Öhlins TTX, el agarre casi obsceno de los Michelin Cup 2 y muchas otras cosas…
Un coche de circuito que te dejan usar en la calle
Lo realmente salvaje del Ultime no es lo que corre en línea recta, sino lo que hace cuando llegan las curvas. La aerodinámica se ha trabajado como si fuera un GT de competición. Cada entrada de aire, cada superficie en fibra de carbono, cada pequeño flap tiene una función. A 275 km/h genera 100 kg de carga aerodinámica, lo suficiente para que el coche se pegue al suelo como una lapa.
Pero lo curioso es que no necesitas ir a 275 para notarlo. En cuanto el ritmo sube, el coche se vuelve sólido y muy preciso.
“La Bleue”: cuando un coche se convierte en pieza de colección
Dentro de las 110 unidades que se fabricarán, hay 15 que directamente juegan en otra dimensión y no son otros que los “La Bleue”.
La carrocería luce un degradado entre el Bleu Abysse y el Bleu Alpine Vision, aplicado a mano en la fábrica de Dieppe. No hay dos iguales porque no puede haberlos.
El interior sigue esa misma lógica, con cuero azul firmado por Poltrona Frau y un nivel de personalización que roza lo obsesivo.
Cuestan 330.000 euros y ya están vendidos. Y no es difícil entender que no son coches, son piezas de colección.











