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Probamos el Volkswagen Caddy Maxi 1.6 TDI Bluemotion (Parte I)

Hace tiempo que muchos vehículos comerciales dejaron de ser meras herramientas de trabajo para acercarse más, y cada vez más, al resto de turismos y al mundo del ocio y las actividades al aire libre en general. Es el caso del Caddi Maxi 1.6 TDI Bluemotion en su versión Kombi.

El que conociera la primera Caddi reconocerá que todo parecido con la actual es pura coincidencia y casi un milagro. Pensemos que hablamos de un modelo que se ha redefinido en todas sus dimensiones, ofreciendo un nivel de seguridad y de confort, y tecnológico en general, que nada tiene que ver con lo conocido hasta hace unos años, incluida esa estética furgonetera al más puro estilo C15 tan trasnochado, en favor de una mucho más Partnerizada.

Salta a la vista, como en su aspecto, con un sencillo lavado de cara, el aire de familia continúa siendo indiscutible. Por fuera la “modernidad” llega con cuentagotas. Por dentro en cambio, las cosas ya funcionan de otra manera, aquí todo es más palpable.

Lo primero que llama la atención es un puesto de conducción bien resuelto, tanto por ergonomía del conductor como por ubicación de los mandos, en el que negar la similitud con algunos de sus hermanos como el Polo o el Golf sería una necedad. Esto tiene una cosa buena, y es el mayor empaque visual que le da al conjunto interior, pero inevitablemente una mala que es el importante salto cualitativo en cuanto a calidad con los anteriores.

Conviene recordar que un modelo como el Caddi Maxi, especialmente en su versión Bluemotion (que no es de las más económicas precisamente), la ausencia de detalles tan simples como un volante y un pomo revestidos en piel, unas manetas interiores de las puertas en acabado metálico y no de plástico como vienen, o un tacto gomoso para el salpicadero, son ausencias reprochables cuyo omisión el ahorro que representa es el chocolate del loro.

Más allá de esto, el equipamiento de serie es suficiente. Se puede ambicionar más y no por ello lo estaríamos haciendo mal, ya que el precio que hay que desembolsar por esta versión de la Caddi son 22.000 euros, cifra nada desdeñable que bien se merecería “algo más”, pero es justo reconocer que lo que ofrece de serie está en la media de su segmento.

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Las opciones de confort para un vehículo comercial no tienen tacha, cuenta con control de velocidad, radio CD-MP3 (la conocida RCD 310), guantera refrigerada… además de las habituales ya generalistas a cualquier modelo similar actual como la dirección asistida o los elevalunas y los retrovisores eléctricos. En el apartado de seguridad destaca más. Incorpora de serie control de tracción, antibloqueo de frenos ABS, 6 airbags, luces de conducción diurna… Vamos, que todo parecido con modelos precedentes es pura coincidencia.

Pero si algo hay que se echa en falta es el ordenador de a bordo, que debería tener más si cabe en esta versión Bluemotion su hueco obligado y hasta su razón de ser. La pantalla digital te ofrece una información clara y limpia, pero demasiado justa para mi gusto y para el que yo creo que puede ser el gusto del conductor medio. No me refiero a presiones de aceite, nivel de este, carga de la batería, no, es mucho más sencillo, se trata de que puedas conocer la autonomía y el consumo medio o actual del vehículo en cada caso, y poder llevar tu control personal del gasto.

Salvo esta laguna, que según las versiones convierte el FIS incluso en pantalla para el navegador, el resto del equipamiento aprueba el examen.

Algo digno de mención tanto más es la funcionalidad del habitáculo, aspecto que se ha convertido casi en el credo del modelo, ya que a un habitáculo donde todo está en su sitio, incluidas aquellas funciones con las que en principio no contarías (véase el control de tracción) se suman infinidad de huecos, portaobjetos y agujeros varios para que las herramientas, cuadernos, bebidas, monos de trabajo y todo aquello que nos pueda hacer falta para el trabajo esté a buen recaudo. Si la finalidad es ocupar nuestro tiempo libre, no habrá bolsa, bártulo, balón o merienda que no esté controlado.

Las menos accesibles son las bandejas del salpicadero, que quedan un poco a desmano, pero lo compensan los improvisados huecos del suelo bajo los pies de las plazas traseras, que con unas buenas alfombrillas nadie sabrá de su existencia. Por lo demás, ya sea en versión comercial o en la variante familiar, pocos coches más prácticos de similares características, te vas a encontrar más eficientes.

Probamos el Volkswagen Caddi Maxi 1.6 TDI Bluemotion (Parte II)

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