Europa lleva tiempo intentando resolver una ecuación que, sobre el papel, parece sencilla: que haya coches eléctricos más baratos para que más gente pueda acceder a ellos. La realidad, sin embargo, es bastante más enrevesada de lo que podría parecer.
Entre normativas, costes de producción y exigencias técnicas, fabricar un coche pequeño y asequible para el mercado europeo se ha convertido casi en un acto de fe. Por eso la nueva categoría M1E, que prepara la Unión Europea, ha despertado interés en toda la industria. Y también alguna que otra ceja levantada.
Hyundai compra la idea
Hyundai es un buen ejemplo de ese estado de ánimo. La marca coreana no ha salido a torpedear la idea, ni mucho menos. Su CEO en Europa, Xavier Martinet, reconoce que tiene sentido intentar abaratar el coche eléctrico si de verdad se quiere que llegue al gran público.
Hasta ahí, todo bien. El problema empieza cuando se intenta desarrollar la teoría. Porque, de momento, la categoría M1E suena más a promesa que a manual de instrucciones.
La clave está en recortar… pero sin pasarse
La propuesta pasa por relajar ciertos requisitos en los coches más pequeños. Menos obligaciones técnicas, menos equipamiento impuesto desde arriba y, en consecuencia, un menor coste de fabricación que, obviamente, se trasladará al precio final en el concesionario.
La lógica es bastante directa: si construir el coche cuesta menos, el precio final también debería bajar. Y ahí es donde muchos ven la posibilidad de ese ansiado utilitario eléctrico en torno a los 15.000 euros, que rompa de una vez la barrera de acceso a esta tecnología.
El sector espera, pero no se lanza a ciegas
El sector no está en contra de esa idea. De hecho, marcas como Dacia, Citroën, Peugeot o BYD ya han dejado caer que están esperando a ver cómo se concreta la norma para mover ficha.
Hyundai se suma a ese grupo, pero con una advertencia bastante clara: sin saber qué se va a cambiar exactamente, es imposible planificar nada concreto.
La gran pregunta: ¿Qué se toca y qué no?
Martinet lo plantea de forma bastante directa: ¿qué normas se van a relajar? Porque no es lo mismo eliminar ciertos requisitos de equipamiento que tocar aspectos más delicados como la seguridad o las especificaciones técnicas.
Y ahí es donde la conversación se vuelve incómoda. Nadie quiere fabricar coches inseguros, pero tampoco tiene sentido exigir a un urbano de acceso el mismo nivel de complejidad técnica que a un modelo premium. El reto está en encontrar un punto intermedio con unos mínimos legales sensatos.
El ruido del motor térmico complica todo
A eso se suma otro lío que sobrevuela el debate: la tentación de algunos de reabrir la puerta a los motores de combustión en los coches pequeños.
La M1E, en principio, nace con el foco puesto en el eléctrico, pero el ruido alrededor del térmico no ayuda precisamente a aclarar el panorama.
Europa y su obsesión por regularlo todo
Hyundai también ha puesto sobre la mesa una crítica que lleva tiempo circulando en el sector: Europa se ha pasado de frenada regulando.
Año tras año, las exigencias aumentan, los sistemas obligatorios se multiplican y los costes suben. El resultado es que hacer coches en Europa es cada vez más caro, especialmente en los segmentos donde el margen es mínimo.
Hace años podíamos acceder a coches en franjas que iban de los 6.500 a los 9.900 euros, sin embargo, hoy en día esas cifras se han multiplicado por 2,5 como poco.
M1E: ¿solución real o parche?
Si tenemos en cuenta este contexto, la M1E se percibe casi como un intento de corregir el rumbo. Una especie de “vale, quizá nos hemos complicado demasiado” dicho en voz baja.
Pero si el ajuste se queda corto o se hace a medias, el impacto será limitado. Porque el problema de fondo sigue siendo el mismo: no puedes exigir cada vez más a un coche y, al mismo tiempo, pretender que sea cada vez más barato.