El mercado energético ha entrado en alerta. El crudo y el gas están reaccionando con fuerza a la escalada de tensión en Oriente Medio, y no es una subida cualquiera, hablamos de movimientos que en cuestión de horas pueden sacudir economías enteras. Cuando la geopolítica se mete de lleno en el suministro energético, el resultado suele ser el mismo, una alta volatilidad en los mercados, muchos nervios y precios disparados.
El estrecho de Ormuz: el cuello de botella del planeta
Si hay un punto crítico global en todo este asunto, ese es el estrecho de Ormuz. Por ese corredor marítimo pasa alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas licuado que se comercia en el mundo. Podríamos decir que este punto del planeta que ahora está al rojo vivo, es la autopista energética global.
El problema es que, aunque no esté oficialmente cerrado, el tráfico ya está sufriendo interrupciones serias. Buques detenidos, rutas canceladas y aseguradoras echando el freno. En la práctica, es como si alguien hubiera puesto un semáforo en rojo en mitad de esta autopista energética mundial.
Subidas que asustan: petróleo y gas en modo cohete
Los precios no han tardado en reaccionar. El barril de Brent, referencia en Europa, se ha disparado cerca de un 8% y supera los 78,35 dólares, mientras que el crudo estadounidense también sube con fuerza. En lo que va de año, el petróleo acumula una escalada notable.
Pero el golpe más brusco se lo lleva el gas. El mercado europeo registra subidas cercanas al 20%, un salto que recuerda a los momentos más tensos de la crisis energética. El diésel, por su parte, también sigue la misma senda alcista.
Efecto dominó: inflación, transporte y bolsillo
Cuando sube el petróleo, no solo sube la gasolina. El impacto se extiende a toda la economía, desde el transporte, a la producción producción industrial pasando por los alimentos. Y ahí aparece el fantasma de la inflación, que parecía medio controlado y vuelve a asomar la cabeza.
Además, el miedo a problemas de suministro añaden mucha presión a la situación de inestabilidad. Lo peor de todo es que nadie sabe cuánto puede durar esta situación ni hasta dónde puede escalar.
El mercado mira con lupa cada movimiento
Los analistas tienen claro que la clave está en dos variables: la duración del conflicto y el grado de interrupción del suministro. Si la tensión se mantiene contenida, los precios podrían estabilizarse en niveles altos. Si la cosa se complica, el escenario podría cambiar radicalmente.
Algunas previsiones ya apuntan a un rango de entre 85 y 90 dólares por barril a corto plazo, con la barrera psicológica de los 100 dólares cada vez más cerca
¿Crisis puntual o cambio de ciclo?
Hay quien compara la situación actual con crisis históricas del petróleo, donde los precios se dispararon durante largos periodos. Si el suministro se ve realmente afectado, el mercado podría entrar en una fase de precios estructuralmente altos.